Científico de 104 años prepara su suicidio asistido

El científico australiano más viejo está cansado de vivir: le dan permiso para un suicidio asistido
El científico más viejo de Australia está cansado de vivir; le concedieron permiso para un suicidio asistido
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10 May, 2018

Agobiado por la debilidad física que siente a su avanzada edad, Goodall se dijo "feliz de tener la posibilidad de mañana terminar" con su sufrimiento, a la espera de recibir la autorización para someterse a una eutanasia, procedimiento que no es permitido en su país.

El suicidio asistido es ilegal en la mayor parte del mundo. "No es particularmente triste". "Lo triste es que me lo impidan". En su país natal, la eutanasia solo es legal en el estado de Victoria, pero esta legislación, que no entrará en vigor hasta junio de 2019, solo afecta a los pacientes en fase terminal con una esperanza de vida de menos de seis meses.

Al contrario que Exit, la mayor asociación de ayuda al suicidio de Suiza que sólo atiende a los residentes helvéticos, el 75% de los pacientes de Eternal Spirit son extranjeros, que deben pagar los exámenes médicos y las tasas de admisión, caras en Suiza.

El científico más viejo de Australia viajó a Suiza, donde dará fin a su larga vida, pues cree firmemente que, a sus 104 años, está listo para morir. "Todos los que lo desean deben tener derecho a una muerte digna y apacible".

El académico nacido en Londres vivía en un departamento pequeño en la ciudad de Perth, en el oeste de Australia, hasta hace unas semanas.

El profesor Goodall es un investigador honorario, asociado con la universidad de Perth y ha producido docenas de investigaciones hasta estos días, donde seguía editando para algunos diarios de ecología de su región. El centro dio marcha atrás a su decisión ante la indignación que provocó entre la comunidad internacional.

Cuestionado sobre si tiene alguna duda de su decisión, el anciano respondió con un contundente "no". "Hubiera preferido que esto (terminara) en Australia y lamento mucho que Australia esté por detrás de Suiza en lo que respecta a leyes sobre el derecho a morir", afirmó. La mayoría de las fundaciones suizas piden al paciente que tome pentobarbital sódico, un potente sedante que en altas dosis detiene los latidos del corazón.

Un profesional le instala la aguja para la inyección, pero es el paciente quien debe abrir la válvula para que el eficaz barbitúrico se mezcle con la solución salina y empiece a fluir por sus venas.

Comentó que estaba muy satisfecho con la hospitalidad que se le ha brindado en este país, adonde llegó con algunos familiares que lo acompañarán en el momento final de su vida, cuando -comentó- le gustaría escuchar la Novena sinfonía de Beethoven.


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